El sangrado, el dolor, la picazón o un bulto en la zona del ano son motivos de consulta muy frecuentes, y casi siempre tienen que ver con dos cuadros muy comunes y tratables: las hemorroides y la fisura anal. Aunque generan vergüenza o se postergan por incomodidad, son patologías benignas en la gran mayoría de los casos, con tratamientos efectivos.
Es importante consultar siempre que haya sangrado, ya que otras afecciones pueden dar síntomas similares y conviene descartarlas con una evaluación adecuada.
Las hemorroides son estructuras vasculares normales del canal anal que, cuando se inflaman o aumentan de tamaño, generan síntomas. Pueden ser:
El tratamiento se adapta al grado y los síntomas de cada paciente:
La elección entre estas opciones se conversa en la consulta, según el grado de la hemorroide y la respuesta a tratamientos previos.
La fisura anal es una pequeña herida o grieta en la piel del canal anal, generalmente producida por el paso de materia fecal dura. Causa dolor intenso durante y después de evacuar —característicamente como un “ardor” o “corte”— y puede acompañarse de sangrado leve, visible en el papel higiénico.
Muchas fisuras agudas mejoran con medidas conservadoras: ablandar la materia fecal con fibra y buena hidratación, y medicación local indicada por el médico. Cuando la fisura se vuelve crónica o no responde a estas medidas, se evalúa la opción quirúrgica, que se decide y explica en detalle según las características de cada caso.
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