
El colon es el tramo final del aparato digestivo: absorbe agua de los residuos alimenticios y los
compacta hasta que pueden evacuarse. Cuando aparece sangrado, dolor abdominal persistente,
cambios en el ritmo evacuatorio o se detecta un pólipo en una colonoscopía, es momento de
evaluar si hace falta tratamiento quirúrgico.
Los pólipos son crecimientos en la capa interna del colon. Con el tiempo, algunos pueden volverse cancerosos. Cuando se detecta un pólipo sospechoso o un tumor confirmado, la cirugía consiste en extirpar el segmento de colon afectado.
Se forman pequeñas bolsas (divertículos) en la pared del colon que, al inflamarse o infectarse, causan diverticulitis. Puede ser un episodio único (agudo) o repetirse en el tiempo (recurrente). Muchos casos se resuelven con antibióticos, pero la diverticulitis recurrente o que genera estrechamiento del colon suele requerir extirpar el segmento afectado, generalmente en el colon sigmoide.

El tipo de cirugía depende de la ubicación y la magnitud del problema. En todos los casos, el principio es el mismo: extirpar el segmento afectado y, cuando es posible, reconectar (anastomosis) los extremos sanos del intestino para preservar el tránsito normal.

En la mayoría de los casos, la cirugía se realiza por laparoscopía: se hacen entre 3 y 5 pequeñas incisiones, se trabaja con cámara e instrumental específico, y se extrae el segmento de colon resecado a través de una incisión algo más amplia (5 a 7 cm). Esto permite menor dolor postoperatorio y una recuperación más rápida que la cirugía abierta tradicional.
En algunos casos puede ser necesario continuar con cirugía abierta durante el procedimiento — esto no significa que algo haya salido mal, sino que una incisión más amplia es la forma más segura de completar la cirugía.
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